No me mataré esta noche.

No. Dormiré un poco. No importa si son las 4 o 5 AM, o si mi alarma ya sonó dos o cuatro veces, esperaré hasta el amanecer. No importa si duermo en la cama o en el piso del baño, o si me despierto hambriento o con resaca, me despertaré. Tengo que. Tengo que seguir vivo hasta la mañana siguiente. Tengo que escuchar a mis perros ladrando por su comida, para alimentarlos y acariciarlos. Tengo que arreglar las luces parpadeantes y el fregadero roto. Tengo una cita con un dentista a las seis y tengo que encontrarme con un viejo amigo el viernes por la noche. Nadie haría eso por mí, así que tengo que seguir con vida.

No me mataré esta noche.

¿Por qué habría? Puede que no sea amado por la persona que solía glorificar, podría ser abandonado por la gente con la que solía dedicar mi tiempo, empujado por amigos y enemigos, familia; Dejo que mis monstruos tomen el volante y los dejo cabalgar dentro de mi cabeza, les dejo repetir una frase que dice que soy débil y que no pertenezco a nadie ni a ningún lado, plantar una bomba y susurrar un sonido como un detonador para verme estallar y se desvanecen en humo y fracaso, pero tengo que seguir adelante. Recogeré los escombros de mi yo roto y lo coseré para poder vivir otro día y descansar otra noche y poder sobrevivir a otro terror. Claro, respirar solo no es suficiente para sobrevivir; se necesita coraje, ganas de vivir.

No me mataré esta noche.

Créeme, no lo haré. Como desayuno para la tragedia y una mesa para una cena amarga, pero todavía puedo saborear la vida cuando tomo mi primer sorbo de café por la mañana. Todavía puedo oler el aroma del atardecer y la mañana, escuchar el viento tocando mi canción de amor favorita y puedo sentir el latido de mi corazón con la melodía de un clásico de radio. Estoy vivo. Ahogándose bajo el mar de obstáculos con los pies encadenados, pero luchando por levantarse y llegar a la cita.





No me mataré esta noche.

Porque acabo de hacerlo. Me maté anoche y la otra noche y la otra. Me he estado matando durante mucho tiempo, ocultándolo con una sonrisa deslumbrante; reír, jugar y fingir como si no tuviera cicatrices en la piel, como si no pasara noches mirando al techo, queriendo bailar mientras flotaba. Hubo días en que terminé la carrera y me llevé a casa solo moretones y heridas, pero no importa porque gané. Lo que importa es ganar. Lo que realmente importa es vivir. Y elijo vivir.

No me mataré esta noche.

Ya no.